Entre inundaciones, sequías e incendios forestales, la planta Licancel de Arauco se ve obligada a cerrar. Un golpe económico de US$55 millones pone de manifiesto la urgencia de actuar contra el cambio climático.
En un comunicado reciente, Celulosa Arauco anunció la suspensión indefinida de las operaciones de su planta Licancel, ubicada en la comuna de Licantén, en la región del Maule. La empresa ha notificado a las autoridades locales y a los 163 trabajadores de la planta, así como a los contratistas, sobre esta decisión drástica.
La suspensión de la planta, que fue construida en 1992 y adquirida por Arauco en 1999 por US$104 millones, tendrá un impacto económico significativo. Se estima que las consecuencias financieras para el año 2023 serán de aproximadamente US$55 millones en impuestos diferidos.
¿La razón detrás de este cierre? Un cóctel de desafíos ambientales que la planta ha enfrentado en los últimos tiempos. «La extrema variabilidad climática, con inundaciones consecutivas del río Mataquito durante este invierno, períodos extremos de sequía en veranos anteriores y incendios forestales de alto impacto», señala el comunicado de Arauco. A esto se suma «la ausencia de una política pública que promueva la reforestación durante la última década», lo que ha llevado a una baja disponibilidad de madera para uso industrial.

Para mitigar el impacto en los trabajadores y sus familias, Arauco ha establecido un plan de salida. En las próximas semanas, la compañía también llevará a cabo labores de limpieza y mantenimiento de los equipos de la planta, que tiene una capacidad instalada de producción anual de aproximadamente 160,000 toneladas de celulosa cruda de pino.

Este cierre no es solo una señal de alarma para la industria de la celulosa, sino también un llamado de atención sobre la urgencia de abordar el cambio climático de manera efectiva. Las autoridades y la sociedad en general deben tomar nota: el tiempo para actuar es ahora.





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