La investigación confirma que la basura cotidiana es hoy la principal fuente de contaminación costera y el origen de impactos que llegan incluso a las islas de plástico oceánicas.
Un reciente estudio sobre contaminación en playas, difundido por InduAmbiente, vuelve a encender las alertas sobre el estado de los ecosistemas costeros. El análisis revela que los residuos más abundantes encontrados en playas son las colillas de cigarro y los plásticos de un solo uso, superando ampliamente a otros tipos de desechos.
Lejos de tratarse de basura ocasional, el estudio evidencia un patrón reiterado asociado al consumo cotidiano y a la falta de conciencia sobre el impacto real de estos residuos. Las colillas, por ejemplo, no solo son el desecho más común, sino también uno de los más contaminantes: están compuestas de acetato de celulosa —un plástico— y contienen sustancias tóxicas que se liberan al contacto con el agua y la arena.

De la playa al mar: el origen de los microplásticos
El estudio también advierte que gran parte de estos residuos no desaparecen, sino que se fragmentan con el tiempo. La radiación solar, el oleaje y la erosión transforman plásticos visibles en microplásticos, partículas diminutas que hoy representan uno de los mayores desafíos ambientales a nivel global.
Estos microplásticos ingresan fácilmente a la cadena alimentaria marina. Son ingeridos por peces, aves y otros organismos, acumulando contaminantes y afectando tanto a la biodiversidad como a actividades humanas como la pesca y el turismo. Lo más preocupante es que, una vez en el ambiente, su remoción es extremadamente compleja.
El extremo del problema: las islas de plástico

Cuando este fenómeno se replica durante años y a gran escala, el resultado son concentraciones masivas de residuos flotantes en los océanos. El caso más conocido es la Gran Mancha de Basura del Pacífico, una gigantesca acumulación de plásticos y microplásticos atrapados por las corrientes marinas, símbolo de un modelo de consumo desechable que supera la capacidad del planeta para absorberlo.
Ñuble frente al desafío costero

Este escenario global obliga a mirar el territorio local. Ñuble posee aproximadamente 50 kilómetros de costa, con ecosistemas de alto valor ambiental, zonas de nidificación, humedales costeros y una biodiversidad que es parte esencial del patrimonio natural de la región. Proteger estos espacios no es solo una tarea institucional, sino también un compromiso ciudadano. Reducir el uso de plásticos, no botar colillas y cambiar hábitos simples puede marcar la diferencia entre una costa viva y una degradada. Cuidar hoy estos ecosistemas es asegurar que sigan existiendo para quienes vendrán después.




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