La hija del fallecido expresidente Alberto Fujimori inició un mandato marcado por la inseguridad, la polarización y la inestabilidad política. Su llegada también abre una nueva etapa en la relación con Chile, impulsada por la cercanía política con el presidente José Antonio Kast.

Keiko Fujimori juró este martes 28 de julio como nueva presidenta de Perú, concretando uno de los regresos políticos más esperados y controvertidos de América Latina.

La líder de Fuerza Popular asumió para el periodo 2026-2031 después de imponerse por un estrecho margen en la segunda vuelta presidencial y tras varios intentos fallidos por llegar al Palacio de Gobierno. Su victoria la convierte en la primera mujer elegida mediante votación popular para gobernar Perú.

La precisión no es menor. Keiko Fujimori es la segunda mujer que ocupa la Presidencia del país, pues Dina Boluarte se convirtió en diciembre de 2022 en la primera peruana en asumir la jefatura del Estado, luego de la destitución del entonces mandatario Pedro Castillo.

La ceremonia de investidura estuvo antecedida por el término del breve mandato interino de José María Balcázar, quien participó durante la mañana en la tradicional misa y Te Deum realizada en la Catedral de Lima, antes de entregar formalmente el poder.

“Recibimos un país marcado por el abandono”

En su primer discurso como mandataria, Fujimori planteó que recibe un país afectado por la inseguridad, el desorden institucional y el abandono de amplios sectores de la población.

Entre sus principales promesas aparecen el combate contra la delincuencia y las extorsiones, la recuperación del crecimiento económico, el impulso a la inversión y una mayor presencia del Estado en los territorios más postergados.

Durante su campaña también propuso operaciones de seguridad con participación militar, medidas más estrictas contra el crimen organizado, protección especial para jueces que investiguen organizaciones criminales y un aumento del salario mínimo.

Sin embargo, el escenario que enfrentará no será sencillo. Perú ha tenido una sucesión de presidentes, renuncias, destituciones y gobiernos interinos durante la última década, en medio de una profunda desconfianza ciudadana hacia las instituciones.

Fujimori tampoco cuenta con mayoría propia en el Congreso. Aunque Fuerza Popular posee la bancada más numerosa dentro del nuevo sistema legislativo bicameral, deberá alcanzar acuerdos con otras fuerzas para aprobar sus reformas y evitar que la confrontación entre el Ejecutivo y el Parlamento vuelva a paralizar al país.

Una victoria estrecha en un país polarizado

La nueva presidenta llega al poder después de derrotar al candidato de izquierda Roberto Sánchez por menos de 50.000 votos, entre más de 18 millones de sufragios emitidos.

El ajustado resultado refleja la división política del país. Mientras Fujimori obtuvo un apoyo importante en las ciudades y zonas costeras, encontró una fuerte resistencia en regiones andinas y territorios con alta presencia de comunidades indígenas.

La oposición ha cuestionado el resultado y ha anunciado una fiscalización estricta al nuevo gobierno. En las calles de Lima, la investidura también estuvo acompañada por manifestaciones de sectores que rechazan el retorno del fujimorismo al poder.

Por eso, uno de los mayores desafíos de la nueva administración será ofrecer estabilidad sin profundizar las divisiones que han marcado la política peruana durante los últimos años.

El peso del apellido Fujimori

La llegada de Keiko también representa el retorno del fujimorismo al Gobierno peruano, más de dos décadas después del término del régimen encabezado por su padre, Alberto Fujimori, entre 1990 y 2000.

Para una parte de la ciudadanía, el expresidente continúa siendo recordado por la derrota de Sendero Luminoso y por las reformas económicas aplicadas durante su administración. Para otros sectores, su figura representa el autoritarismo, la corrupción y las graves violaciones de los derechos humanos cometidas durante su gobierno.

Alberto Fujimori fue condenado a 25 años de prisión como autor mediato de los delitos de homicidio calificado y lesiones graves por las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, además del secuestro agravado de Gustavo Gorriti y Samuel Dyer.

También recibió condenas relacionadas con el uso irregular de recursos públicos, el pago de 15 millones de dólares al exasesor Vladimiro Montesinos, la compra de medios de comunicación, la interceptación telefónica y el soborno a congresistas para que respaldaran al oficialismo.

Este legado acompañará inevitablemente a la nueva mandataria. Keiko Fujimori deberá demostrar si su gobierno será una continuación de la estructura política construida por su padre o si buscará establecer una identidad propia, especialmente en materias como democracia, transparencia, derechos humanos e independencia institucional.

Una nueva relación con el Chile de José Antonio Kast

La toma de posesión también tuvo una dimensión regional. Entre los mandatarios asistentes estuvo el presidente chileno José Antonio Kast, quien viajó a Lima y sostuvo una reunión con la nueva jefa de Estado.

Kast afirmó que los vínculos diplomáticos entre Chile y Perú atraviesan un buen momento y planteó la necesidad de iniciar una nueva etapa de cooperación, recuperando mecanismos bilaterales e impulsando mayores inversiones entre ambos países.

La coincidencia ideológica entre ambos gobernantes podría facilitar una relación política más cercana. Tanto Kast como Fujimori han puesto la seguridad ciudadana, el control migratorio, el fortalecimiento de las policías y el combate al crimen organizado entre los principales ejes de sus propuestas.

Chile y Perú comparten una extensa agenda bilateral que incluye comercio, inversiones, migración, seguridad fronteriza, intercambio energético, pesca, turismo y cooperación ante desastres naturales. Las autoridades también deberán abordar el crecimiento de organizaciones criminales transnacionales que operan a ambos lados de la frontera.

La presencia de Kast en Lima se enmarca además en un nuevo escenario político sudamericano, caracterizado por el fortalecimiento de gobiernos y liderazgos de derecha. A la ceremonia asistieron también otros mandatarios de ese sector, entre ellos Javier Milei, de Argentina, y Daniel Noboa, de Ecuador.

Entre el simbolismo y una realidad compleja

La elección de una mujer mediante votación popular representa un hito para la política peruana, especialmente en un país donde las mujeres continúan enfrentando desigualdades y barreras para acceder a los principales espacios de poder.

Pero el simbolismo de su investidura convivirá desde el primer día con una realidad especialmente compleja: delincuencia creciente, extorsiones, minería ilegal, narcotráfico, bajo crecimiento económico, desconfianza institucional y una ciudadanía profundamente dividida.

Keiko Fujimori llega finalmente al cargo que buscó durante años. Lo hace con un apellido que conserva seguidores leales, pero que también despierta un fuerte rechazo. Su gran desafío será gobernar más allá de esa herencia, construir acuerdos en un país acostumbrado a la crisis y demostrar que puede ofrecer estabilidad sin debilitar la democracia.

El comienzo de su mandato abre una nueva etapa para Perú y también para su relación con Chile. El resultado dependerá no solo de la cercanía política entre ambos presidentes, sino de la capacidad de convertir las declaraciones diplomáticas en cooperación concreta para enfrentar los problemas comunes de dos países vecinos.

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