La Organización Meteorológica Mundial advierte que El Niño seguirá fortaleciéndose hasta alcanzar su máxima intensidad en diciembre y podría mantenerse hasta febrero de 2027. En Chile, el escenario combina lluvias primaverales, temperaturas sobre lo normal y un eventual aumento del riesgo de incendios forestales.
Santiago, 8 de octubre de 2026. — El fenómeno de El Niño está entrando en una etapa decisiva. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó este jueves que el evento continuará intensificándose durante los próximos meses y que podría alcanzar su punto máximo en diciembre, mientras existe una probabilidad cercana al 100% de que persista hasta febrero de 2027.
La actualización llega mientras Chile atraviesa una primavera marcada por lluvias, tormentas y cambios bruscos de temperatura. Para los próximos meses, los especialistas advierten que el país podría enfrentar una combinación poco habitual: precipitaciones todavía importantes durante la primavera y temperaturas elevadas durante el verano, con algunos escenarios que contemplan episodios superiores a los 40 °C en sectores interiores.
¿Por qué hablan de un “Niño Godzilla”?
El nombre no corresponde a una categoría científica oficial. La propia Dirección Meteorológica de Chile ha advertido que se trata de una denominación mediática utilizada para describir un evento de El Niño que podría alcanzar una intensidad excepcional.
El fenómeno de El Niño forma parte del sistema climático conocido como ENSO y ocurre cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial se encuentran anormalmente cálidas. Ese calentamiento modifica la circulación atmosférica y puede alterar los patrones de precipitaciones y temperaturas en distintas partes del mundo.
El Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) ya había advertido en mayo que los modelos anticipaban un evento potencialmente fuerte o muy fuerte hacia fines de 2026. Algunas simulaciones llegaron a proyectar anomalías superiores a 2 °C en el índice Niño 3.4 y, en escenarios individuales, valores cercanos a 4 °C para diciembre de 2026-febrero de 2027. El propio CR2, sin embargo, remarcó que esos valores extremos no constituían el consenso de los modelos.
Ahora la señal es todavía más clara, ya que la OMM informó que la anomalía de temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 pasó de +1,6 °C en junio a +2,5 °C en agosto. Para el trimestre octubre-noviembre-diciembre, los modelos proyectan una anomalía promedio cercana a +3,7 °C, con el máximo alrededor de diciembre.
De concretarse, sería un valor superior al récord anterior registrado durante el episodio de 2015-2016, cuando la anomalía alcanzó aproximadamente +2,6 °C.

Chile ya está sintiendo parte de sus efectos
El impacto de El Niño no significa que todo Chile vaya a experimentar el mismo tiempo ni que cada jornada vaya a ser extrema. De hecho, la OMM recalca que sus proyecciones son tendencias estacionales y probabilidades, y no reemplazan los pronósticos meteorológicos locales.
Pero existe una señal relevante para Chile central.
El análisis elaborado por el CR2 señala que durante los eventos de El Niño tiende a debilitarse el anticiclón del Pacífico y aumenta la posibilidad de que sistemas frontales alcancen la zona central del país. Los modelos analizados por el centro anticipaban precipitaciones por sobre lo normal durante el invierno y la primavera de 2026.
Ese escenario coincide con lo que se ha observado durante las últimas semanas.
Chile ha experimentado una primavera particularmente lluviosa e inestable para la época, con sistemas frontales, tormentas y precipitaciones que se han extendido hacia sectores donde normalmente comienza a dominar un patrón más seco.
BioBioChile recogió proyecciones que apuntan a precipitaciones por sobre lo normal entre Atacama y Los Lagos durante la primavera, mientras que el aumento de las temperaturas también podría elevar la isoterma cero y favorecer que parte de las precipitaciones caiga como lluvia en zonas donde habitualmente se acumularía nieve.
La paradoja del próximo verano: más lluvia ahora, más riesgo de incendios después
Uno de los aspectos más llamativos del escenario es que una primavera húmeda no necesariamente significa un verano sin problemas.
El aumento de las precipitaciones puede favorecer el crecimiento de pastos y vegetación fina. Si posteriormente llegan períodos prolongados de altas temperaturas y baja humedad, esa vegetación puede secarse y convertirse en combustible para incendios forestales.
Por eso, especialistas han advertido que un período primaveral lluvioso podría terminar contribuyendo a una mayor disponibilidad de material combustible durante el verano.
A esto se suma la posibilidad de temperaturas superiores al promedio.
Las proyecciones recogidas por especialistas y organismos meteorológicos apuntan a que los sectores interiores de la zona central podrían enfrentar episodios de calor intenso durante enero y febrero, con escenarios que contemplan temperaturas superiores a 34 °C y, en determinadas zonas y jornadas, sobre los 40 °C.
¿Será realmente un verano de 40 °C?
No necesariamente.
Esta es una de las principales precisiones que se deben hacer frente al concepto de “Niño Godzilla”. El fenómeno no significa que Chile completo tendrá temperaturas extremas durante todo el verano, ni permite determinar hoy qué días alcanzarán determinados valores.
Lo que sí puede establecerse es que existe un escenario climático que aumenta la probabilidad de determinadas condiciones.
La OMM proyecta temperaturas superiores al promedio en amplias zonas del planeta durante los próximos meses y advierte que el fenómeno puede aumentar la probabilidad de episodios de calor extremo, además de modificar los patrones de precipitaciones.
En Chile, además, el efecto de El Niño interactúa con otros factores atmosféricos y oceánicos. Por eso, conocer la intensidad del fenómeno permite anticipar tendencias, pero no reemplaza los pronósticos meteorológicos de corto plazo.
Diciembre será el mes para mirar con atención
El dato que concentra actualmente la atención de los organismos científicos es diciembre.
La OMM proyecta que El Niño alcanzará su máxima intensidad alrededor de ese mes, mientras que el fenómeno podría continuar activo hasta febrero de 2027.
Esto significa que el período comprendido entre diciembre y febrero será especialmente relevante para observar cómo se traducen las condiciones oceánicas en el clima de Chile.
El escenario podría combinar temperaturas superiores a lo normal, episodios de calor extremo y una mayor disponibilidad de vegetación seca después de una primavera húmeda. En el norte del país, además, las alteraciones en los patrones de precipitación pueden generar episodios de lluvias estivales y riesgos asociados a crecidas o aluviones en determinados sectores.
El desafío estará, por tanto, en una temporada que podría presentar varios riesgos simultáneos y muy diferentes entre sí.
Un fenómeno extraordinario, pero que todavía requiere seguimiento
El Niño 2026 no es una sentencia meteorológica para Chile. Es un fenómeno global que aumenta determinadas probabilidades y que debe ser seguido mediante observaciones y pronósticos actualizados.
La propia OMM advierte que las predicciones estacionales no permiten saber con precisión qué ocurrirá en cada localidad o jornada. Para eso se necesitan los pronósticos meteorológicos nacionales y locales.
Sin embargo, la señal internacional es cada vez más consistente: El Niño se está fortaleciendo, diciembre aparece como su punto máximo y sus efectos podrían prolongarse durante el verano 2026-2027.
Para Chile, la pregunta ya no es solamente si llegará el calor del verano, sino cómo se combinarán lluvias primaverales, temperaturas extremas, vegetación y riesgo de incendios en una temporada que podría poner nuevamente a prueba la capacidad del país para anticiparse a los eventos meteorológicos extremos.





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